dimanche, décembre 07, 2014

Prestidigitacion





Ella diseña síncopas en el computador,
llueve
gotas, palabras y silencios virtuales,
borrados vientos
primavera del delirio a borbotones.
Todo se dispersa en
una creencia de no se sabe qué flor germinará
más allá de la planicie en la pantalla.

Animales de carretera




vacaciones, N. Folch

Los animales que nos han visto pasar por la carretera
[...]
terminaron arrojándose bajo los neumáticos.

samedi, novembre 15, 2014

Aeropuerto


corte matutino de transmisiones, N. Folch



Casi en la penumbra de los ángulos
cubiertos de polvo,
de líneas en el baño, de ventanas paralíticas
y de la maravilla del sueño que graniza los labios
cada mañana,
el gas dado, el decorado informático amordazado,
el sexo despejado en su savia,
abro las cortinas,
entonces como un aeropuerto
comparto mi aliento con la ciudad.

dimanche, novembre 09, 2014

Domingo Personal (fragmento)


reunion en Les Assassins, N. Folch



Era la época del personal stéreo y de la radio cassette. Tiempos no muy lejanos, pero pretéritos, con olor a grasa en mecanismos con poleas para las máquinas, hechas para ser reparadas en caso de desperfecto y con una vida prolongada si se pagaba consecuentemente algo de calidad. Conocía a pocos que podían darse el lujo aún de pasearse por ahí con un personal stereo. Marco, vecino del barrio, era uno de ellos y esa tarde de domingo habíamos acordado reunirnos detrás del Museo de Bellas Artes, para fumar marihuana y escuchar música. La vista por el largo y profundo paseo hacia los barrios bajos de la ciudad, nos daba pretextos suficientes para encaminarnos hacia ellos si deseabamos estirar las piernas. También, ese lugar, nos ofrecía la posibilidad de observar un poco de naturaleza. Cierto, aún hoy ese parque es un verdor mal entretenido, pero algo es algo cuando no se cuenta con cerros o quebradas salvajes donde ir a tirar piedras y reposar. Los domingos eran ideales para escaparse lejos, siguiendo el humo cuando había algo que fumar. A veces terminabamos refugiados en casa de algún amigo, de preferencia al que su familia hubiese dejado solo. Me senté en las escaleras del museo. Algunas hojas secas estaban ahí a mi lado, como dibujos hechos durante la noche anterior que comenzaban a borrarse con la blanca luz del sol sobre las blancas lozas de marmol.

dimanche, novembre 02, 2014

XI (de Hiatus)




a kiss, N. Folch


Me he adormecido en este manicomio que derrama sol de invierno,
a puertas abiertas las pantallas de los resentidos
donde brilla noche o día
la calle nunca nadista.
Me he adormecido como un farol
que cortocircuitea su soledad.

No es la hora ni el día ni el quién,
es la direccion web más bien
lo que me permite ojear el olvido
entre los videos y las angustias
que fortifican y unen a las familias.
El computador llama como una abuela,
me he adormecido entre sus cables sueltos.